Poesía y conciencia ecológica: el encuentro intergeneracional es posible

En la sala D o sala del pantocrátor, del Centre del Carme Cultura Contemporánea (CCCC) de València, nace la emoción común, generar poesía desde la emergencia del hábitat.

¿Os sentís auténticos en vuestros pensamientos u os dejáis llevar sin daros cuenta? Algo así decía Heidegger en La Caída, dónde está la frontera entre la dimensión social y la personal, hasta que punto somos nosotros mismos o seres alineados, absorbidos por la fuerza social.

Desde un espacio creado para la reunión, horizontal y sin juicios, nos sentamos creando una órbita, nosotros, los astros, símbolo de unión y progreso, nos observamos algo inquietos, nos acogemos.

Así nacen o renacemos, en las sesiones donde se expone el preludio de lo que vendrá en los próximos meses, en concreto, desde el cinco de marzo al cuatro de junio, día donde se presentará en el claustro renacentista el resultado de este proceso de edificación, a través de la poesía en toda su expansión desde una conciencia ecologista, formará parte del programa de la VIII Edición del Festival de Poesía Vociferio. David Trashumante, uno de sus directores, es el portavoz y coordinador de este primer laboratorio.

A lo largo de estos cuatro encuentros de acogida, en una sala de paredes perforadas y frías, se percibe la escucha de la piedra y esa paciencia al paso del tiempo, estamos ante lo que fue el antiguo Real Monasterio de Nuestra Señora del Carmen, fundado en 1281.

No tardamos en percibir diferentes miradas que dinamizan y enriquecen, debates que surgen sobre la globalización o la invasión de personas despersonalizadas. La energía es sensible y perceptiva al cambio, “Vivir es eso. / Inspiración crear un código/ y expiración quebrarlo. No sigas arrojando la moneda”, dice el poeta ecologista Jorge Riechmann. Abiertos, controlando el azar, que es el futuro, llaman la atención ciertas conexiones, aparentemente alejadas, de algunos de ellos, todo un estudio de conciencia que se revela como un latigazo.

También hubo espacio para decirnos, mostrar nuestra presencia, qué vamos a ofrecerles: Nacho Lázaro, desde el objetivo, captó los gestos imperceptibles de todos los reunidos, como gestor cultural e integrador social, hablará sobre qué es el procomún, el concepto de gentrificación, el impacto de la masificación del turismo o la autogestión, Ysa Cruz, también integradora social, indagará sobre ecofeminismos, la biodiversidad y el género, Víctor Benavides, como historiador, se centrará en la memoria histórica,  el folcklore, la  des-ruralización, la llèngua y el  territorio y, por último, María Beleña, periodista, trabajará el significado de eco-poesía a través de poetas que trabajan desde esta sensibilidad y que, además, formarán parte de Vociferio, todos conectados a través de la poética, aunque resulte un tanto surrealista y mágica esta escena planteada, a lo Jardín de las Delicias, quién dice que es improbable si somos lo mismo.

El error consistió en creer que la tierra era nuestra
cuando la verdad de las cosas
es que nosotros somos de la tierra.
NICANOR PARRA

Gracias a la labor de Ramón Gomis, el responsable de propiciar este acercamiento, resultó asombroso comprobar la gran actividad cultural de los asistentes, de un modo u otro, todos compartían espacios poéticos, teatrales, artísticos en general, donde crear. Por qué no ser algo pretenciosos y comparar estas veladas con las del siglo XIX o XX cuando artistas valencianos como Francisco Domingo, Ignacio Pinazo o Joaquín Sorolla pasaron por estas aulas.

Consumen cultura, tienen la necesidad de compartirla, de ser escuchados. Seres inquietos y curiosos, algo ofendidos por situarlos en la periferia social, también incomprendidos y poco valorados, descreídos ante el presente y lo que viene. Han experimentado la guerra, deserciones, la pérdida de la identidad, muchos obligados a trabajar por necesidad, la violenta muda del paisaje, la incorporación de la tecnología y el abandono, en consecuencia, de oficios, de palabras, de estilo de vida.

De naturaleza variopinta, echan de menos ser ellos mismos, así confrontaremos la cultura popular con la alta cultura, al estilo dadaísta, nos rebelaremos en contra de los cánones establecidos, se perpetuarán los saberes desdeñados como ejemplo, desde una visión biocéntrica, utilizaremos la emoción, la empatía y la conciencia crítica como reparadores a través del pensamiento, deconstruiremos realidades deformadas desde la idiosincrasia del lenguaje, prodigando su riqueza.

Quién nos dice que no lograremos reinterpretar el paisaje de Le blés jaures. Conforme se teje la red, desde la aparente diferencia, se siente más el acercamiento, somos más similares de lo que pensamos, con una corriente latente de aportes y una obra artístico – poética y humana que abonar, visibilizar, que en base a las tres acciones como regla ecológica, reduciremos distancias, reutilizaremos palabras y reciclaremos saberes, con la certidumbre de crear la zanja y seguir la siembra.